miércoles, 25 de junio de 2008

Tiempo para decisiones pertinentes en relación con el calentamiento global.

Menciona Al Gore, Premio Nobel de la Paz 2007, que en pocas ocasiones ha existido mayor consenso entre la comunidad científica, como en lo concerniente al fenómeno del calentamiento global: Es un fenómeno evidente. Pero además: el ser humano es el causante del mismo en esta ocasión.

A pesar de que el fenómeno es una realidad, los principales obstáculos que enfrenta el tomar acuerdos serios para combatirlo los imponen, como siempre, espurias decisiones políticas e intereses económicos apegados a las contaminantes formas de producción, el consumo desmedido, el crecimiento económico como fin último, sin importar los impactos que estos generen sobre el ambiente (lo que, por supuesto, en última instancia impactará definitivamente sobre el crecimiento económico).

Numerosas investigaciones publicadas periódicamente por las más prestigiosas revistas científicas, como Nature y Science, además de otras especializadas en el tema, dan luz sobre la naturaleza y la magnitud del fenómeno, así como sobre el impacto que tendrían las diferentes medidas de mitigación que actualmente se discuten. De esa información queda claro que:

1. La fijación de carbono por los bosques es el factor que más impacta la disminución de gases-invernadero. Los bosques tropicales son los que contribuyen en mayor grado a la fijación de carbono.

2. Urge la mayor adopción (en tipo y magnitud) de tecnologías electro-generadoras limpias, como solar (Zweibel et al., Sci. Am. 2008, Jan.:48), eólica e hidroeléctrica.

3. Se debe promover el transporte público que utilice fuentes de energía poco contaminantes (e.g., hidrógeno, electricidad, gas).

Un tema controversial sigue siendo el de los biocombustibles, por los siguientes hechos: Tienen un impacto muy bajo sobre la disminución de gases-invernadero, si se compara con la fijación de carbono por los bosques y, en el caso de los agrocombustibles derivados de almidones (e.g., producción de etanol a base de maíz, muy popular en EEUU), se sabe que: a) Es una medida relativamente costosa, por ejemplo, se calcula que el costo es de unos $500 por tonelada de CO2; b) Se aumenta el uso de fertilizantes nitrogenados para cultivo, lo que aumenta las emisiones de óxido nitroso, el cual es un gas con mayor efecto invernadero; d) Intensifica el problema de distorciones del mercado mediadas por subsidios (caso del maíz en los países desarrollados); e) Contribuye con el aumento en los precios de los alimentos (ver editorial: Nature 2007, 449:637).

Pero, quizá el mayor problema de los biocombustibles es que se intensifica la explotación de tierras para cultivos, llevando a un desplazamiento de los bosques. Este es un efecto más que indeseable, pues la fijación de carbono impacta mayormente la disminución de CO2, como se dijo antes. Al fin se tendría, en tal caso, un balance negativo.

Este desplazamiento de los bosques se daría debido a que se necesitan enormes áreas de siembra si se desease lograr impactos significativos. Por ejemplo, para reducir 10% del petróleo y diesel consumidos por EEUU y Europa, se ocuparía alrededor de un 43% y un 38% del área cultivada actualmente en esos territorios, respectivamente (Righelato & Spracklen. Science 2007, 317:902). Estos mismos autores concluyen que “el carbono secuestrado mediante el reestablecimiento de bosques es mayor que las emisiones evitadas por el uso de biocombustibles líquidos”.

En el caso de los biocombustibles parece que se debe favorecer aquellos que se puedan obtener a partir de la celulosa. Se menciona que incluso algunos zacates que pueden crecer eficientemente en malos terrenos son prometedores para la producción de etanol, sin embargo aún se debe investigar con el fin de desarrollar tecnología que haga más eficiente la destilación. Por otra parte, y según leí recientemente, en Costa Rica ya hay experiencias con la producción de biocombustibles a base de algas marinas, opción que se debe evaluar seria e integralmente.

Sin duda alguna, el impulso al uso de los biocombustibles tiene más implicaciones económicas que ambientales, debido, principalmente, al fuerte y constante aumento de los precios del petróleo. No obstante, su producción debe favorecerse en la medida que no contribuya al fenómeno del calentamiento global. Esto implica que probablemente el camino futuro para ellos deba estar caracterizado por la producción de etanol a base de celulosa, utilizando terrenos de pobre vocación agrícola, prohibiendo el uso de suelos forestados para la instalación de cultivos destinados a elaborar biocombustibles y promoviendo el uso de tecnologías que permitan el aprovechamiento de subproductos agrícolas (e.g., bagazo de caña).

Lo anterior implica que se debe invertir en el desarrollo de tecnologías que permitan optimizar la producción de biocombustibles, de manera que realmente contribuyan a disminuir los gases-invernadero, a alivianar la factura petrolera y sin tener impactos negativos sobre el ambiente.

Recientemente se levantó una polémica en torno al CENIBiot (en el cual se espera, entre otros, desarrollar tecnologías que permitan la adecuada producción de biocombustibles locales), debido a una noticia publicada en la revista Nature (Nature 2008, 452:787), en la cual se acusa al gobierno de poner este proyecto en peligro, pues los fondos donados por la Unión Europea deberán estar comprometidos antes del 5 de diciembre del año en curso. Al respecto, una carta publicada en la misma revista (Nature 2008, 453:586), así como información de la web del Ministerio de Ciencia y Tecnología aseguran que no ocurre tal cosa y que los fondos no se van a perder. Honestamente, espero que lo anterior sea cierto y que se logre impulsar la inversión en investigación y desarrollo en biotecnología, especialmente en áreas críticas como la producción de alimentos y de biocombustibles. En este último caso, favoreciendo una producción racional y sostenible (entendiéndolo en forma integral) y sin crear falsas expectativas sobre ellos.

Publicado en diario digital Nuestro País, el 25-6-08:

http://www.elpais.co.cr/OPINION/Tiempo_para_decisiones.html

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En síntesis, lo mejor que en el país se puede hacer por colaborar en el combate contra el calentamiento global es: Proteger nuestros bosques, incentivar la reforestación, promover la generación eléctrica a partir de recursos renovables e impulsar un transporte público y de carga eficiente, seguro y movido por "energías limpias". En segundo plano, impulsar el desarrollo de biocombustibles derivados de celulosa, producida en terrenos no aptos para la agricultura y prohibiendo rotundamente el desplazamiento de bosques para destinar los respectivos terrenos a la producción final de biocombustibles, y, además, promover la utilización de subproductos y desechos agrícolas para la producción de biocombustibles gaseosos y líquidos.