jueves, 20 de marzo de 2008

Un esperpento de la cultura. Reflexiones sobre el ambiente, el consumismo, la injusticia social y nuestro autoexterminio.

La capacidad creadora del ser humano, su distinción biológica entre las demás especies, le faculta, ante todo, para transformar su entorno, su cultura (es decir, el producto de sus actos creadores) y, en última instancia, para transformarse a sí mismo y delinear su futuro. A la altura del siglo veintiuno llegamos a una encrucijada, bocacalle del camino que hasta hoy hemos construido; desde donde divisamos, como desde un vívido purgatorio, las consecuencias tangibles de nuestros actos pasados.

Uno de los productos de tal creatividad, la tecnología, nos permite ver el planeta como si fuese una pequeña villa, donde nos enteramos de lo que les sucede tanto al vecino cercano como al lejano. Pero la tecnología ha parido, asimismo, sus propias camadas de críos, algunos de los cuales amenazan a la raza creadora, incluso con el exterminio. El más aterrador de ellos está creciendo inconteniblemente. Le llaman calentamiento global.

Por el trópico y subtrópico se registran sus correrías: un aumento en la magnitud de los huracanes, los ciclones y las tormentas tropicales. Devastadores ejemplos hemos visto recientemente en la vecindad del Golfo de México y hoy día en el sur de Asia.

La redistribución de las precipitaciones marca un aumento de sequías en lugares ya de por sí muy secos; así como el aumento de las lluvias en otros puntos geográficos. Algunos achacan a tal fenómeno el origen ulterior de la catástrofe humanitaria que transcurre actualmente en Darfur.

Quizá muchos creyeron que los países del hemisferio norte, principales progenitores de semejante criatura deforme, estarían exentos de su mortífera amenaza. No obstante, por acá se pasea campante y dejó a países como Alemania sumidos en un invierno (2006-7) que no fue más que un constante otoño o un adefesio de primavera y luego, una práctica ausencia de verano. Mientras, en el Reino Unido el verano trajo las mayores inundaciones registradas desde hace una mitad de siglo. Al mismo tiempo, el sur de Europa ardía, literalmente, no sólo porque en algunas regiones se sobrepasó los 40o C, sino por los voraces incendios que arrasaron con bosques, pueblos y pequeñas ciudades a su paso. Estos se contaron desde las Islas Canarias, la Península Ibérica, hasta Italia, Grecia, Croacia…

Y en el mismo verano del 2007 un nadador de alto rendimiento pudo realizar su ejercicio en las frías aguas del Polo Norte. El atleta dejó en evidencia una triste realidad: el descongelamiento acelerado de los glaciares. Algunos científicos apuntan que el crecimiento de este monstruoso crío no va a ser linealmente, sino exponencialmente; es decir, descomunal. Una de las causas es, precisamente, la pérdida de hielo en el norte y el sur del globo terráqueo, por la cual se disminuye el efecto de reflejo de los rayos solares propio del manto blanco, helado. Pero además, los efectos arriba mencionados (la disminución de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas en algunos lugares) conllevan a una mayor cantidad de incendios forestales en las zonas afectadas, los que, a su vez, aumentan la cantidad de emisiones de gases invernadero… ¿Cuánto dióxido de carbono se habrá liberado en las semanas del verano 2007, producto de los incendios en el sur de Europa? Parece que el crío no tiene un ciclo de vida, sino una espiral de vida que la está caminando en sentido centrífugo.

Ante esta encrucijada deben llamarnos la atención nuestros patrones de consumo. Vivimos en un medio que es el producto de nuestros actos cotidianos. Hemos sido capaces de cambiar nuestro entorno de una manera quizás irreversible. Hemos tocado ya los límites de acción dentro de la naturaleza, cuyo campo de movimiento, no obstante, es bastante versátil. Pero, lo peor de todo: hemos tocado esos límites sin antes haber sido capaces de haber erradicado el hambre y la miseria. Situación terrible. Una enorme paradoja. Haber llegado a la luna. Ser capaces de explorar los planetas lejanos con sondas espaciales. Tocar las profundidades del inconmensurable abismo submarino. Vernos y hablarnos pantalla a pantalla, aunque, al mismo tiempo, nos separen distancias inabarcables. Pero no haber sido capaces de erradicar el hambre y la miseria, aunque ya hemos rebasado los versátiles límites del campo de acción de la madre naturaleza!

Los hábitos de consumo debemos cambiarlos. Ellos dependen de todos y cada uno de nosotros. Los modelos de consumo, no obstante, son impuestos por decisiones políticas, provenientes de políticos que usualmente se preocupan más por números macroeconómicos que por lo que los mismos representan en términos humanos, así como en términos de la cultura humana.

El año anterior los costarricenses tuvimos la oportunidad única de elegir el modelo de desarrollo (y de consumo) que deseábamos seguir y deseábamos exponer de ejemplo al resto de los pueblos hermanos. Y el asunto, en términos ambientales (que es lo mismo que decir, en términos de seguridad de la raza humana –término superior a “seguridad nacional”), se circunscribía en decidir entre un sometimiento absoluto del entorno y sus riquezas al exclusivo servicio del libre mercado, el consumismo desmedido, la presión constante sobre los límites de aguante de nuestra Tierra; y entre un progreso ante todo sostenible, solidario, erradicador de la miseria; el cual, al fin de cuentas, tenía, entonces, que empezarse a diseñar una vez archivado el mamotreto de la discordia.

No obstante, ahora el reto es mayor y los objetivos en términos de sostenibilidad ambiental, más difíciles de alcanzar. El reto mayor implica el convencimiento del consumidor, como ente fundamental en el engranaje de la relación economía-ambiente. Pero también implica el fortalecimiento de un sistema efectivo de contrapesos que logre detener los avasallamientos de los recursos naturales, así como promover su más óptimo uso, con el fin de que tal utilización contribuya con el desarrollo integral de la sociedad costarricense. Esto, por supuesto, es más difícil en un contexto consumista, neoliberal de remate.

Carlos Luna Tortós

(Adaptación de texto escrito en agosto de 2007)

miércoles, 19 de marzo de 2008

Comiendo el elefante a mordiscos

La situación política costarricense es lo suficientemente compleja como para frustrar cualquier intento de una reforma integral que le provea funcionalidad, fluidez y dinamismo a este país. Las grandes decisiones políticas están viciadas por la imposición de las voluntades de los grandes capitales extranjeros y de los oligarcas criollos, infectados crónicamente con el antiquísimo “síndrome del señor feudal”.

La Asamblea Legislativa maquina al son del tambor ejecutivo. Las municipalidades han mutado en entidades inoperantes, incompetentes e inútiles, en su mayoría.

Muchos ciudadanos honrados, con ideas e iniciativas provechosas, difícilmente se hagan a la mar en estas tempestades, no porque les falte coraje, sino porque involucrarse en la política resulta ser también estigmatizante. Y quizá tampoco, porque miran con recelo entrar en un campo que es como un motor dañado: por más que se le trate de arreglar nunca va a funcionar como debe.

Tengo mi teoría: el negativismo y el pesimismo son ideologías fuertes que le sirven a quienes ostentan el poder y no desean aflojarlo. Es decir, el amarillismo periodista es uno de sus mejores aliados. Pero esto es punto para otro tema. Lo que ahora nos toca es lo relativo al elefante y los bocados.

Un movimiento incipiente, como el movimiento ciudadano despertado antes del referendo, no debe enfocarse solamente en intentar poner un presidente a corto plazo. Uno de sus principales campos de batalla, a mi manera de verlo, está en los gobiernos locales. Los motivos son muchos. Menciono algunos relevantes:

1. El movimiento ciudadano es, en sí mismo, un movimiento local, en donde se encontraron gentes con diversidad de criterios que aprendieron a luchar juntos por un mismo objetivo: la oposición a un megaproyecto nacional que influiría poderosamente cada localidad. Gente de la misma comunidad. Gente del mismo cantón. Gente que hoy se conoce mejor de lo que antes se conocía. Gente que sabe de la situación comunal.

2. Los núcleos fueron capaces de integrarse nacionalmente con el fin de luchar por un objetivo común. Este es un elemento fundamental, pues es trascendente y visionario.

3. El método de trabajo incluyó la formación constante y el debate, es decir, la búsqueda y la implementación del conocimiento para tomar decisiones. De hecho, a mayor debate y discusión, mayor apoyo se lograba para este movimiento.

4. El tiempo pos referendo ha servido para reflexionar sobre este proceso y para cuestionarse sobre el fantoche de democracia que vivimos. El trabajo se ha continuado y la unión dentro y entre los grupos se ha mantenido.

5. La pluralidad del movimiento lo ha empujado hacia el ejercicio de un elemento crucial para la democracia: la tolerancia. Aunque, claro está, es necesario pulir mucho este aspecto.

Por otra parte, y en contraste, observamos municipalidades que toman decisiones poco acertadas, donde los presupuestos son mal ejecutados, donde aunque haya dinero no se sabe dónde o en qué se invierte. El nivel de corrupción en los gobiernos locales ha sido percibido como el mayor, según algunos sondeos. Las obras se ejecutan sin que realmente exista una estricta supervisión de su calidad. Las casas parecen construirse una sobre otra en medio de un caos imperante debido a la tradicional carencia de planificación del crecimiento urbano. Los mantos acuíferos son contaminados. Las aguas negras se vierten sin tratamiento. El manejo de la basura es deplorante. Hoy una empresa que arregla los acueductos destruye una carretera que recién terminaron de recarpetear ayer, porque nunca hubo alguien que planificara ambos proyectos en el contexto de una sola comunidad. En fin, estas son solamente algunas ilustraciones. No es casual ni sorpresivo el nivel de abstencionismo en las elecciones municipales. Para nada lo es.


Involucrar el movimiento ciudadano y sus capacidades de lucha, discusión y acción en la construcción de las sociedades locales que constituyen nuestra sociedad nacional es una estrategia para construir desde abajo. Estamos en un terreno peligroso donde se armó una casa, a la que con los años le fueron haciendo tantas remodelaciones sin guía alguna, sin planos ni diseños, que crecía para arriba, porque tenía que hacerlo, pero que en un momento dado se puede derrumbar fácilmente. Esa es nuestra sociedad. Articular el movimiento a nivel local es como reconstruir la casa desde los cimientos.

La capacidad de diálogo con la comunidad misma es una de las mejores herramientas para educar y construir una cultura basada en valores positivos.

La planificación a escala local, que tome en cuenta el ser de la comunidad, que se avoque a educarla en ese sentido, logrará hacer el mejor y más eficiente uso de los escasos recursos con que se dispone.

La articulación de estas comunidades entorno a intereses regionales es necesaria con el fin de lograr la solución de problemas mayores, como el manejo de los desechos, por ejemplo.

Los gobiernos locales pueden ser transformados por manos de los ciudadanos sin intereses politiqueros, sino comunales, con el fin de que sean motores del desarrollo local, y no solamente económico, sino integral. Pueden funcionar como centros de control de otras actividades: la educación, la cultura, la formación de los ciudadanos para crear nuevas fuentes de ingreso y para aprovechar mejor las existentes. Pueden llegar a ser núcleos que coordinen y vigilen el desempeño de instituciones como las asociaciones de desarrollo, los centros agrícolas, las bibliotecas comunales, los centros públicos de salud. Pueden promover activamente la participación ciudadana.

Lo anterior no es novedad alguna. La novedad es que ahora hay grupos comunales organizados y que tienen una visión común: promover el desarrollo social y económico de nuestro país basándonos en sistemas solidarios y sostenibles (social, económica, cultural, ecológicamente).


Mucho se puede avanzar desde los gobiernos y las instituciones locales. Es necesario que el pluralista movimiento ciudadano se avoque a trabajar en las comunidades y entre las comunidades, respetando las particularidades propias y siguiendo un objetivo nacional.

Para continuar con la propuesta, me parece que hay dos grandes ejes en los cuales trabajar a nivel local: 1) LA PLANIFICACIÓN DEL DESARROLLO LOCAL. 2) LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN. Las metodologías que se lleguen a aplicar con miras a alcanzar los objetivos específicos en cada uno de esos ejes pueden ser enriquecidas por la enorme riqueza en diversidad y pluralidad del movimiento ciudadano. Los productos van a ser siempre muy positivos y de enorme impacto a nivel local. Y uno de los valores agregados será, sin duda, el aumento de la credibilidad del movimiento y la atracción de más ciudadanos a ejercer un compromiso sólido con su comunidad y su país.


¿Es esto demasiado optimista? Quizás lo sea, pero también el tener visiones optimistas es el mejor remedio contra la ideología del negativismo que nos cuelgan del cuello como piedras.

El movimiento patriótico no se puede permitir que pase otra administración municipal, sin antes haber concertado y asentado las bases para una democracia participativa a nivel local, sin haber modificado el concepto de las municipalidades y su rol en la descentralización, el impulso al desarrollo local, el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos y, sobre todo, la consolidación de un concepto de crecimiento sostenible (en todo el sentido de la palabra) y autóctono, capaz de estar abierto al desarrollo que la ciencia y la tecnología ofrecen, pero sin renunciar a la cultura de cada pueblo.

Llegar a tener diputados después de la dictadura en democracia es, además, otra gran meta sobre la cual me referiré en otro comentario.

Carlt